Cómo escribir una carta de dimisión que te proteja
La carta de dimisión es un documento formal: hazla corta, pon bien la fecha del último día y respeta el preaviso de tu convenio.
La carta de dimisión es un documento formal: hazla corta, pon bien la fecha del último día y respeta el preaviso de tu convenio.
Una carta de dimisión necesita cuatro cosas: que dejas el puesto, el nombre exacto del cargo, la fecha de tu último día de trabajo contada desde el preaviso, y una línea de agradecimiento. Menos de cinco frases. Es un documento que queda en tu expediente, así que fuera motivos, quejas y sentimientos.
Firmaste la nueva oferta esta mañana. Ahora viene lo difícil: decírselo a tu jefe actual. Abres un modelo y te pide que cargues los agradecimientos, expliques tus motivos y cierres con una frase bonita sobre crecimiento personal. Casi nada de eso va aquí.
Una carta de dimisión es un documento, no una despedida. Su trabajo es estrecho: dejar por escrito que te vas, de qué puesto, y con qué fecha exacta de efecto. Todo lo cálido, cada motivo, cada "lo que pienso en realidad" va en la conversación que tienes con tu responsable antes de entregarla. La carta es lo que archiva la empresa. La conversación es lo que te consigue una buena referencia después.
Lo esencial
Una carta de dimisión es el documento formal que pone fin a tu relación laboral por voluntad propia. Existe para que luego no haya discusión sobre si dimitiste, cuándo y de qué puesto. La empresa la guarda en tu expediente, y muchas comprobaciones de referencias no confirman más que "dimitió, dejó la empresa en tal fecha".
Ese propósito tan concreto es la razón por la que gana lo corto. La industria de los modelos te vende párrafos de sentimiento porque los párrafos parecen esfuerzo. Pero quien revise tu dimisión dentro de unos años solo busca dos datos: si respetaste el preaviso y si te fuiste limpio. Una carta breve de cuatro frases responde a ambos. Una página de explicaciones solo añade frases que alguien puede leer fuera de contexto, sin haber estado en la sala.
Limítate a cuatro elementos, en este orden:
Esa es la carta entera. Puedes poner tu nombre y la fecha arriba y una despedida sobria, pero nada de lo anterior justifica un quinto punto. El motivo es opcional, y si lo incluyes, una frase neutra es el techo. "He aceptado un puesto que encaja mejor con lo que quiero hacer" basta. En cuanto el motivo pasa a una segunda frase, empieza a leerse como una justificación, y una dimisión no necesita justificarse.
Mira tu convenio colectivo y tu contrato primero. El preaviso lo marca tu convenio (en muchos casos son 15 días) o tu contrato, y ese plazo es el que cuenta, no lo que hayas visto en internet. Si no lo respetas, la empresa puede descontarte de la liquidación del finiquito los días que faltaron de aviso, así que no es un detalle menor.
Aquí va lo que casi ningún modelo te dice: el preaviso suele empezar a contar el día en que la empresa recibe la carta, no el día en que la escribes. Si la redactas el viernes y la entregas el lunes, tu plazo arranca el lunes. Cuenta los días con calma, pon el día exacto y entrega la carta con acuse: pide que te firmen o sellen una copia con la fecha, o mándala por un medio que deje constancia. Esa copia es tu prueba de cuándo empezó el preaviso.
Normalmente no sin coste. Escribir "con efecto inmediato" no borra el preaviso: la obligación sigue ahí, y marcharte antes puede permitir a la empresa descontarte esos días. Si tienes que salir rápido sí o sí, lo honesto es pedir a tu responsable que acorte el preaviso o te libere antes, en la conversación, y solo entonces reflejar en la carta lo que hayáis acordado.
Y hay un caso en el que conviene frenar del todo: si te están empujando a la salida, no firmes una dimisión voluntaria sin pensarlo. Una baja voluntaria hace que, por lo general, pierdas el paro, mientras que si es la empresa la que termina el contrato quedas en situación legal de desempleo y conservas la prestación. Antes de firmar nada, mira lo que te juegas, como explicamos al hablar del paro tras una baja voluntaria. Es la misma lógica que en cualquier búsqueda de empleo ordenada: el documento es permanente, así que decide qué debe decir antes de que el alivio te haga contar de más.
Fuera las quejas, las críticas a tu jefe o al equipo y la historia real de por qué te vas. La sinceridad no es el problema aquí; el canal sí. La carta queda archivada, sobrevive al momento y puede llegar a gente que solo verá esas palabras sin ningún contexto. Una queja en la carta de dimisión no ayuda a nadie y puede seguirte en silencio.
Deja fuera también la fecha vaga ("en unas dos semanas"), la despedida emotiva larga y la negociación. Si quieres renegociar para quedarte, esa es otra conversación, y toca tenerla antes de dimitir, parecida a cómo afrontas una oferta de trabajo: una vez archivada la carta, la decisión se lee como tomada.
No hay obligación. Si quieres, una frase neutra es el máximo, y que mire hacia delante ("para asumir un nuevo proyecto"). Guarda los motivos reales para la conversación con tu responsable o, si te preguntan, para una entrevista de salida, donde hay contexto y nada queda archivado como registro fijo.
Cualquiera de las dos puede valer, pero importa más el orden que el formato: primero la conversación con tu responsable, luego la carta escrita para confirmarla. El correo es normal y te deja constancia con fecha de cuándo se recibió el preaviso, que es justo lo que te interesa para contar el plazo.
Es una decisión de la empresa, pero si has dado el preaviso y te liberan antes, por lo general te siguen debiendo esos días. Pide por escrito cualquier acuerdo de salida anticipada para que no haya duda sobre tu último día pagado.
De tres a cinco frases. La carta de dimisión es uno de los pocos documentos de tu carrera en los que lo corto es mejor sin discusión, porque su único trabajo es ser un registro claro. Si la tuya pasa de un párrafo breve, casi seguro estás metiendo algo que va en una conversación.
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