Cómo terminar una carta de presentación sin plantilla
Cómo terminar una carta de presentación para que la última línea trabaje: una llamada a la acción atada a la vacante, los cierres que el reclutador salta y la despedida.
Cómo terminar una carta de presentación para que la última línea trabaje: una llamada a la acción atada a la vacante, los cierres que el reclutador salta y la despedida.

Termina tu carta de presentación con una línea que solo encaje en esta vacante: propón un paso siguiente concreto, agradece una vez y despídete con un simple 'Atentamente'. Evita el 'Quedo a su disposición para cualquier consulta', porque es la frase que el reclutador ha leído en casi todas las cartas y salta sin mirar.
Ya tienes casi toda la carta. La apertura funciona, el párrafo del medio demuestra que sabes hacer el trabajo, y entonces llegas a las últimas líneas y te bloqueas. La mayoría recurre a la misma salida de emergencia: "Quedo a su disposición para cualquier consulta. Muchas gracias por su tiempo." Parece seguro. También es justo el cierre que el reclutador ha visto en casi todas las demás cartas del montón, así que no trabaja para nada.
Esa es la trampa del cierre. Es lo último que se lee y el sitio más fácil para sonar como todos, lo que echa a perder en silencio el esfuerzo de escribir una carta de presentación que alguien lee de verdad. La buena noticia es que arreglarlo es rápido. El cierre tiene una sola tarea, y cuando la conoces, el último párrafo casi se escribe solo.
Lo esencial
Cierra en tres movimientos cortos. Recuerda, en una línea, lo único que aportas que este puesto necesita. Ofrece un paso siguiente concreto: una llamada, una muestra de trabajo, una fecha de incorporación. Da las gracias una vez, sin adornos. Después, la despedida. Mantén todo el cierre en tres o cuatro frases, por debajo de unas 75 palabras, para que suene resuelto y no relleno.
El orden importa porque deja la carta con impulso en lugar de con un suspiro. Un cierre que recuerda tu encaje y luego ofrece un paso obvio le da al lector un motivo para responder. Un cierre que solo dice "gracias por leer" no le deja nada que hacer, así que no hace nada.
Una buena llamada a la acción propone un paso concreto y no se mete en la agenda del lector. "Estaré encantado de explicarle en una llamada cómo rediseñé el proceso de incorporación en mi último puesto" funciona porque ofrece algo que solo cabe en esta carta. Apunta a un valor real y deja que el lector se imagine ya la conversación.
Algunas guías te dicen que anuncies una llamada de seguimiento: "Le llamaré el martes para hablar de los próximos pasos". Yo lo dejaría fuera. En la mayoría de los casos suena presuntuoso, y si la oferta pide no llamar, suena a que no terminaste de leerla. Haz el ofrecimiento y deja el cuándo a quien lleva el proceso.
Tres patrones que aguantan:
Sencilla y sales. "Atentamente", "Un cordial saludo" y "Saludos cordiales" valen en cualquier sector. Debajo va tu nombre. En una carta formal para banca, administración o un puesto de responsabilidad, "Atentamente" es la más segura; para una empresa mediana o un puesto intermedio, "Un cordial saludo" mantiene cercanía sin perder la profesionalidad.
Lo que sí cuesta caro es buscar personalidad aquí. "Un abrazo", "Nos vemos" o cualquier cosa con signo de exclamación suenan demasiado informales para un documento con el que un desconocido te está juzgando. La despedida es el único sitio de la carta donde aburrido es lo correcto.
Cuatro finales parecen seguros y te cuestan la respuesta en silencio:
El hilo de los cuatro: gastan la última frase en el candidato y sus sentimientos, con palabras que encajan en cualquier puesto. Un cierre que funciona la gasta en este puesto y en lo que pasa después.
Justo esta parte lenta es la que JobScalr resuelve al redactar la carta entera, cierre incluido, adaptada a la oferta concreta en lugar de una plantilla reutilizable. Ejecuta un paso de investigación de la empresa para que la carta pueda mencionar algo real, y el cierre que escribe ofrece un método concreto construido con tus propios datos en vez de una promesa dicha de antemano. El borrador es tuyo para revisarlo, y la redacción final se queda en tus manos.
Un límite honesto: ningún cierre rescata una carta genérica. Si la primera línea y el párrafo de pruebas son intercambiables con cualquier otra candidatura, un buen cierre solo entrega la misma carta olvidable con un lazo más bonito. Arregla primero el cuerpo y luego el final.
De tres a cuatro frases, unas 50 a 75 palabras. Lo bastante para recordar tu encaje, ofrecer un paso siguiente y dar las gracias; lo bastante corto para no reabrir la carta. Si tu cierre pasa de cuatro frases, casi siempre estás metiendo un argumento nuevo que va en el cuerpo, no en el final.
Normalmente no. Anunciar una llamada en un día concreto suena presuntuoso, y sale mal si la oferta pide no llamar. Ofrece dar más información o presentarte cuando le venga bien a la empresa, y deja la agenda a quien controla el proceso. Un ofrecimiento abierto gana a una cita a la que te invitaste tú solo.
Con un paso siguiente concreto y algo relevante a lo que puedas apuntar, no con una disculpa. Ofrece una pequeña muestra de trabajo, un proyecto o tu disponibilidad, y borra frases como "a pesar de mi falta de experiencia". El cierre no es donde admites el hueco, sino donde le das al lector un motivo para dar el siguiente paso igualmente.
Sí. "Atentamente" sigue siendo una despedida segura y profesional en 2026, igual que "Un cordial saludo". La despedida no decide nada, así que una clásica es la opción correcta. Guarda el esfuerzo para la frase de encima, que es la parte que el lector sí sopesa.
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