Entrevista telefónica: cómo prepararte para la primera criba
Qué comprueba un reclutador en una entrevista telefónica, los cinco campos que tiene que rellenar y cómo responder a cada uno para que la llamada acabe con una fecha.
Qué comprueba un reclutador en una entrevista telefónica, los cinco campos que tiene que rellenar y cómo responder a cada uno para que la llamada acabe con una fecha.

Una entrevista telefónica es una criba corta en la que un reclutador comprueba criterios excluyentes antes de citarte con el equipo: expectativas salariales, disponibilidad de incorporación, ubicación y si has entendido el puesto. Lleva preparada una cifra concreta (bruto anual y en cuántas pagas) y una fecha, más una presentación de 60 segundos.
La llamada duró 22 minutos y fue agradable. Os reísteis una vez. La reclutadora dijo que el proceso iba rápido y que te escribiría esa misma semana. Cuatro días después llega el correo de siempre, el genérico, y repasas la conversación buscando la respuesta que lo estropeó todo.
Probablemente no hubo ninguna. Una criba telefónica rara vez se pierde por una mala respuesta. Se pierde por un campo que la reclutadora no pudo rellenar.
Lo esencial
La entrevista telefónica existe para descartar barato. Es el paso en el que un reclutador confirma que alguien que encaja sobre el papel no se va a caer en la semana tres por algo básico. Las guías escritas para reclutadores describen el trabajo de esa llamada sin adornos: confirmar que la candidata ha entendido el puesto, contrastar las expectativas salariales y verificar disponibilidad y ubicación.
Eso cambia lo que significa una buena llamada. Quien está al otro lado casi nunca te contrata y muchas veces tampoco decide si eres brillante. Puede pasarte a la siguiente fase o pararte. Tu objetivo, entonces, es quitar motivos para pararte, y esa tarea no es la que preparan la mayoría de guías sobre cómo preparar una entrevista.
Cinco, más o menos en este orden. Cada uno tiene una respuesta que lo cierra y otra que lo deja abierto para que alguien se preocupe más tarde.
| Qué comprueba | Una respuesta que cierra el campo | Lo que lo deja abierto |
|---|---|---|
| ¿Entiendes el puesto? | Dos frases sobre de qué responde el puesto, con las palabras de la oferta | "Estoy abierto a cualquier cosa de marketing" |
| Expectativa salarial | "Me muevo en 32.000 brutos anuales en 12 pagas, y me gustaría entender el variable" | "Es negociable" o "¿cuál es vuestra horquilla?" |
| Incorporación | "Tengo 15 días de preaviso, así que el 1 de octubre" | "Cuanto antes" |
| Ubicación y desplazamiento | "Vivo en Getafe, tres días de oficina los llevo bien" | "Podríamos hablar de mudarme" |
| ¿Sabes explicarte? | Una presentación de 60 segundos que aterriza en este puesto | Cuatro minutos de trayectoria empezando en 2014 |
La columna de la derecha no es maleducada ni poco cualificada. Es lo que dice casi todo el mundo, porque los consejos que ha leído le dijeron que se mantuviera flexible. En una criba telefónica, la flexibilidad se lee como un formulario a medias.
Porque caer bien no es ninguno de los cinco campos. La reclutadora cuelga, abre el sistema de seguimiento (ATS) y escribe una nota corta siguiendo esas casillas. El buen rollo no rellena ninguna. Las guías de agencia sobre esta misma llamada citan como motivos habituales de descarte las respuestas poco claras, unas expectativas salariales fuera de la banda salarial aprobada y la motivación floja, y dos de esos tres van de concreción más que de contenido.
Hay un segundo motivo, y ese no te lo cuenta nadie: puede que te hayan descartado por un dato que no puedes cambiar. Si la banda aprobada termina por debajo de tu mínimo, o el puesto pide cuatro días de oficina y vives a dos horas, la llamada iba a acabar ahí desde el principio. Eso no es un problema de cómo lo hiciste. Prepararte solo te compra una cosa: enterarte en el minuto tres en lugar de en la semana tres. Por eso preguntas tú también.
Da una cifra, o una horquilla cuyo suelo firmarías hoy. Nunca centres la horquilla en tu objetivo. Tu número entra en una sola casilla de un formulario, y una horquilla se anota por abajo: "28 a 34" se convierte en 28 en la nota, y con 28 arranca la siguiente conversación.
Construye la cifra desde abajo: el bruto anual más bajo que aceptarías sin rencor, más lo que este puesto concreto te cuesta (desplazamiento, viajes, un salto de responsabilidad). Dilo una vez, claro, y añade una frase sobre qué más te gustaría entender. Así la reclutadora tiene algo que apuntar y el número suena calculado.
Y di siempre en cuántas pagas. En España es la ambigüedad que más caro sale: 32.000 en 12 pagas y 32.000 en 14 pagas son el mismo titular y dos nóminas distintas, así que la cifra sin ese dato se puede interpretar a la baja. Si tu sector tiene convenio colectivo, mira antes el salario mínimo de tu categoría: por debajo de ese suelo no hay conversación, y por encima ya sabes desde dónde hablas. La investigación reduce la incertidumbre; algo de margen queda igual.
Da una fecha, o la regla que produce una fecha. "Tengo 15 días de preaviso, así que realistamente el 1 de noviembre" es una respuesta completa, y le permite contrastarla con una fecha de incorporación que el equipo probablemente ya ha prometido a alguien.
Mira tu contrato y tu convenio antes de la llamada. El preaviso habitual son 15 días, pero muchos convenios y casi todos los puestos de responsabilidad marcan un mes, y calcularlo en directo por teléfono es como se dicen las fechas que luego no se cumplen. "Cuanto antes" suena entregado y no dice nada, además de obligar a que te persigan por una pregunta fácil.
Si tu disponibilidad es incómoda, dilo pronto: un TFM sin entregar, un contrato temporal hasta marzo, unos horarios de conciliación cerrados. Lo que cuentas en el minuto cinco se planifica. Ese mismo dato descubierto al firmar parece algo que escondiste.
60 segundos, unas 150 palabras habladas. Tres golpes: qué haces ahora, la parte de tu trayectoria que conecta con esta oferta y por qué este puesto es el siguiente paso. Después callas y dejas que pregunte.
Casi toda criba telefónica empieza pidiéndote eso, así que es la parte que vale la pena decir en voz alta unas cuantas veces antes, hasta que sale a velocidad normal y sin el "pues nada, básicamente" de arranque. Memorizada palabra por palabra suena a contestador.
El error típico es la cronología. Quien empieza por su primer empleo en 2014 gasta sus mejores cuarenta segundos en lo menos relevante. Empieza por hoy, vuelve una vez atrás a por lo que demuestra que puedes con este trabajo, y aterriza en la oferta.
Seis cosas, todas en un folio que ves sin bajar la vista:
Lo que no necesitas son quince respuestas ensayadas a preguntas por competencias. Eso es la ronda siguiente. Pasarte el domingo con el método STAR para una llamada que pregunta por tu preaviso es prepararte para la fase equivocada.
Sí, y dos de ellas valen aquí más que en ningún otro momento del proceso, porque el reclutador es la única persona que las responde sin rodeos.
Pregunta por la horquilla: "¿Me puedes decir la banda que tenéis para el puesto?" Algunos no la dan, muchos sí, y con la directiva europea de transparencia salarial el mercado va hacia decirla sin que preguntes. Y pregunta por el proceso: cuántas fases, con quién hablarías y en qué plazos.
Hay una tercera que en España conviene hacer siempre: si la vacante es para la propia empresa o para un cliente final. Muchas primeras llamadas vienen de una consultora o una ETT, y eso cambia quién decide, quién te contrata y cómo será tu nómina. Las preguntas de fondo guárdalas para la entrevista con el equipo; ahí tienes preguntas para hacer al entrevistador que no son estas dos.
Misma persona, mismo currículum, un intercambio.
Floja. "¿Qué expectativas salariales tienes?" / "Uf, soy bastante flexible, prefiero escuchar primero vuestra propuesta. Y empezar podría empezar cuando sea." Nada de eso está mal. Tampoco hay nada que apuntar. En la nota queda flexible, pendiente de concretar, y si otras dos personas dieron una cifra, la cita del jueves es suya.
Buena. "Me muevo en 32.000 brutos en 12 pagas, y me gustaría entender el variable que hay encima. Tengo 15 días de preaviso, así que el 1 de octubre, aunque para entrevistas estoy disponible antes." Once segundos. Dos casillas cerradas, una pregunta abierta que ella puede llevar al equipo y la señal de que has pensado el cambio.
La diferencia es preparación que se puede sostener en la mano. La segunda candidata decidió su número y su fecha antes de que sonara el teléfono. La primera esperaba resolverlo durante la llamada.
Si te están buscando a ti, dale la vuelta a casi todo. Cuando una consultora te llama por un puesto del que no habías oído hablar, esa llamada es comercial antes que selectiva, y dar tú la primera cifra regala el ancla. Pide banda y detalles antes de comprometerte con un número.
Si te presentas a una oposición, la pregunta del salario tiene una sola respuesta correcta, que es el grupo y el nivel, así que la parte de negociación de arriba te sobra. Y si vas por una ETT que ya tiene tu ficha desde hace meses, la llamada suele ser un trámite de confirmación más que una criba.
Dos de los cinco campos salen de la propia oferta, y esa es la parte que hace JobScalr. La aplicación puntúa de 0 a 100 cómo encaja tu perfil con una oferta concreta y te explica dónde están los huecos, que es justo por donde empieza la reclutadora cuando quiere saber si has entendido el puesto. Un análisis por cuenta es gratuito.
También registra a qué ofertas te has presentado y en qué estado están, con recordatorios para hacer seguimiento. Así, cuando un martes te llama un número desconocido, encuentras la oferta en diez segundos en lugar de preguntar de qué puesto se trata. Para la ronda siguiente genera preguntas de práctica con repetición espaciada a partir de la oferta, que respondes con tus palabras. No inventa nada que no esté en tu currículum.
Entre 15 y 30 minutos. Karrierebibel, uno de los mayores portales de empleo alemanes, da ese mismo rango para la criba telefónica. Si llega a 45 minutos suele ser buena señal; si termina a los ocho, el reclutador encontró pronto un criterio excluyente. Una llamada corta no es un descarte automático: algunas primeras llamadas son puramente logísticas.
Sí, y dilo al principio ("voy a ir tomando notas, si me quedo callada un segundo es por eso"). Apunta el nombre de quien llama, las fases que describe, los plazos y cualquier cifra que mencione. Vas a necesitar las cuatro cosas para el seguimiento, y un nombre se pierde con una facilidad asombrosa a los 90 segundos de oírlo.
Puedes proponer otro momento, y suele ser lo mejor. "Me apetece hablarlo con calma, ahora estoy con otra cosa. ¿Te va bien hoy a las 16:00 o mañana por la mañana?" no te cuesta nada con un reclutador profesional y te compra los 20 minutos de preparación de arriba. Atender la llamada desde el aparcamiento del súper para parecer disponible es un mal trato.
Es más corta y más acotada, pero en una cosa es más difícil: al reclutador le falta tu cara, así que lo que dejes vago se queda vago. Los silencios además parecen más largos de lo que son. Responder con frases completas y cerrar limpio importa aquí más que en vídeo.
Uno corto, el mismo día, tres o cuatro líneas. Agradece, repite por escrito tu fecha de incorporación y tu cifra con las pagas, y añade una frase sobre por qué encaja el puesto. Así los dos datos duros quedan en un formato que se puede pegar directamente en el sistema de seguimiento (ATS).
Dilo, y a continuación di lo que sí tienes. En una criba, el reclutador suele contrastar una palabra contra una lista en vez de medir profundidad. "Con Snowflake no he trabajado, ese mismo trabajo lo llevo haciendo tres años con BigQuery" es una respuesta útil. Farolear te cuesta la segunda ronda, donde quien pregunta sí sabe.
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