¿Hace falta carta de presentación? Depende de la vacante
La respuesta honesta a si todavía hace falta una carta de presentación es que depende de la vacante, y aquí decides eso oferta por oferta.
La respuesta honesta a si todavía hace falta una carta de presentación es que depende de la vacante, y aquí decides eso oferta por oferta.
Primero la decisión, después los motivos: escribe carta cuando es obligatoria, cuando cambias de sector, cuando tienes un hueco que explicar o cuando la vacante es tan pequeña que una persona lee cada línea. Omítela cuando el campo viene marcado como opcional, la empresa filtra a todas luces por palabras clave y no tienes nada que el currículum no diga ya. No hay una regla para todo. Hay una pregunta concreta por cada oferta, y casi nadie se la hace.
Así que en vez de preguntar "¿está muerta la carta de presentación?", pregunta "¿mueve la carta esta oferta en concreto?". A veces es lo que te consigue la llamada. Otras veces acaba en una carpeta que nadie abre. Las dos cosas son ciertas, en vacantes distintas, la misma tarde.
Si pone obligatoria, escribes una. Este es el caso fácil, y aun así la gente se convence de lo contrario. Una carta obligatoria es un filtro: dejarla en blanco, o pegar tres frases genéricas en lugar de empezarla con una línea que encaje con la vacante, es la forma rápida de quedar fuera antes de que nadie abra tu currículum. Algunos equipos la usan justo para eso, para ver quién sigue una instrucción y quién dispara la misma candidatura a doscientos anuncios.
La misma lógica vale para una señal más sutil. Si el anuncio nombra a la persona de recursos humanos, te pide "cuéntanos por qué quieres trabajar aquí" o viene de una empresa lo bastante pequeña como para que la fundadora lea lo que entra, trata la carta como obligatoria aunque el formulario la llame opcional. Allí alguien la va a leer, y una carta pensada, con una longitud que de verdad se lee, cuesta poco y cuenta mucho cuando el montón es pequeño.
Muchas candidaturas marcan la carta como opcional y lo dicen en serio. Las empresas grandes con mucho volumen suelen revisar primero el currículum y solo abren la carta más tarde, si es que la abren. Cuando la candidatura es un formulario largo y estructurado con preguntas eliminatorias, un currículum leído por máquina y un sistema que hace la primera criba, tu carta compite con un programa que no lee prosa.
En ese montaje, una carta genérica no aporta nada y una floja puede restar. Si tienes quince minutos, los aprovechas mejor ajustando el currículum al anuncio que escribiendo un párrafo que ninguna persona abrirá. Omitirla aquí es una decisión real y defendible, no pereza. La prueba es sencilla: si tu carta solo repite lo que el currículum ya demuestra, no se gana su sitio.
Algunas historias no caben en un currículum, y justo ahí la carta se gana el pan.
En cada caso la carta no es adorno. Responde la objeción concreta que un lector plantearía mirando solo tu currículum. Esa es toda la tarea de una carta de presentación, y donde no hay objeción que responder, tiene menos que hacer.
Si te presentas a una empresa tradicional, sobre todo grande o de procesos muy estructurados, la carta de presentación sigue siendo una pieza esperada de una candidatura completa, y dejarla fuera se lee como algo a medias más que como eficiencia.
Las startups y los equipos tecnológicos internacionales contratan cada vez más al estilo estadounidense, currículum primero y carta opcional. Pero en muchos empleadores locales lo normal todavía es incluirla. En la duda, escríbela. Una carta de más cuesta poco. Parecer alguien que no terminó la candidatura te cuesta un rechazo silencioso del que nunca te enteras.
No hace falta darle vueltas. Repasa esto rápido antes de cada candidatura:
La idea es elegir a propósito, no quedarte en "siempre" por mala conciencia ni en "nunca" por agotamiento. Una carta que escribiste por el motivo correcto le gana a cuarenta que mandaste solo porque un formulario tenía una casilla.
Cuando decides que una carta merece la pena, la parte lenta es hacerla específica para ese anuncio en vez de genérica. JobScalr es una app móvil que lee una oferta frente a tu currículum, te da una puntuación de compatibilidad honesta de 0 a 100 con el razonamiento detrás, y redacta tanto un currículum como una carta a medida sin inventar habilidades ni experiencia que no tienes. No se presenta por ti, y la última lectura sigue siendo tuya. Solo hace que los casos de "sí, escribe una" sean lo bastante rápidos como para que puedas permitirte escribirlos justo cuando cuentan.
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